15 oct. 2012

Breakfast at Tiffany's


Ha pasado mucho tiempo desde que vi la peli Desayuno con diamantes, de Blake Edwards. Poco recordaba del argumento, quizá porque sus intérpretes -Audrey Hepburn y George Peppard-, guapísimos los dos, me desconcentraban sobremanera: lucían como para llevárselos a casa, endiñar un puntapié a los cuatro angelitos que guardan mi cama y sentar a los actores en la mesita de noche para, de vez en cuando, pellizcarles los mofletes.

Recién cogidas y pintadas. Acuarela.
Archivé la peli en mi memoria, sección rosa prescindible, porque las historias de amor, lujo y frivolité  no cotizaban al alza por aquellos entonces de mi primera juventud. Después me abandoné al mundo de la azada y la desbrozadora y -entre alcachofas y berzas, semillas y antilimacos- los desayunos y diamantes de Audrey y George se fueron disolviendo en algún lugar de mi cabeza. Hasta que, no hará ni un mes, leí el libro de Truman Capote, Desayuno en Tiffany's, en el que se basa la película.
Poco o nada del glamour peliculero encontré entre las líneas del libro, más bien lo contrario: hallé la historia de unos personajes solitarios y desorientados (amén de los ricos secundarios que bien podrían convertirse en principales -a la manera galdosiana- en cualquier otro relato) y... hasta aquí puedo escribir.
De no haber sido por Truman Capote nunca hubiera entrado en Tiffany's, la famosa joyería que presta su nombre al libro, pero entré; y no fue para darme un baño de lujo sino para intentar sentir los efluvios que allí buscaba Holly Golightly -la prota- y que yo, a menudo, siento entre mis tomateras.
Tanto me atrapó Capote que ya suena entre mis manos su Música para camaleones.

Aproveché mi visita a Tiffany's para comprarme una pulsera. ¿Que no? Mira:

3,00 $


 P.D.
La pulsera se la compré a un pipero ambulante, justo enfrente de la joyería.


9 comentarios:

flower dijo...

Dios cuántas veces utilizo el título de esta peli para relatar algún momento de mi vida, y es que desayunar con diamantes es algo que hago habitualmente en mis últimos tiempos.

He aumentado la foto para ver la pulserita y, ¡oye! esas manos no son manos de desbrozador, ehhhh???

La acuarela, como siempre, preciosa. Ya es otoño, joder!! (no porque no me guste, sino porque anuncia frío y días largos).

Besicos, muaaaaaaaaaaaaaaaaaa,

Rick dijo...

Totalmente de acuerdo: la película es una versión muy almibarada de la novela (como suele suceder, por otra parte). O no, porque en el fondo también a Audrey y George se les ve un poco perdidos. Pero de todos modos la pareja libro-película hace tan buen juego como sus protagonistas.
Y muy bien pintadas las recién cogidas, oye: un bodegón como la copa de un pino. Eres capaz de hacer arte de lo que sea, está visto.
En cuanto a la pulsera... en fin. Seguramente las tenían más bonitas dentro. Pero mucho más caras, claro.

mariajesusparadela dijo...

Cómo comprendo que te sientas así entre los tomates...

Caruano dijo...

FLOWER-Jardi,
ya me he dado cuenta de que "te desayunas" con diamantes. Aprovecha, hijita, que ya llegarán los tiempos en los que tengas que desayunar con bisutería ;-)
Que sí, que son manos de desbrozador y leñador(me las cuido con ungüentos cuasimilagrosos)
Besoss.



Apreciado RICK,
curiosamente, en el avión de vuelta "Breakfast at Tiffany's" estaba en el menú de los vídeos y, claro, la vi -con subtítulos en coreano-. A pesar de que el guión cinematográfico está adaptado para que babeemos un rato, tengo que admitir que es bastante fiel al libro, salvo el final, con gato, morreo y felicidad. Me gustó volver a verla.
En cuanto a la pulsera, tengo que decir que, por mucho que busqué en la joyería, no encontré ninguna más bonita que ésta (se la compré a un señor más que octogenario -hacía mucho tiempo que no veía a tanta gente anciana trabajando en la calle. Puto sueño americano-)

Caruano dijo...

M.JESÚS,
Cuando escribí ese párrafo pensé en ti.
Besos.

pazzos dijo...

También entré hace un par de años en una tienda de Tiffanys y salí de vacío, no por falta de presupuesto que de todos es conocida mi astronómica fortuna sino porque no encontré ni una gota de talento entre sus diseños trasnochados.

Así mismo se lo expliqué a mi chica que me contestó con un:

¡Claaaaro!

E. C. Pedro dijo...

Di... Amante. (¡Amante!).

Saludetes bogotanos don Caruano.

Anónimo dijo...

¡Viva el lujo!

¡Y Pontevedra!

Paquito Amor.

Caruano dijo...

¡Y el vino!
Y las rosas que calientan nuestro sooool..., pa Quito.