15 dic. 2011

Viaje a la semilla*

                                  
                                                     Amarga verdad


*Alejo Carpentier, Viaje a la semilla

17 comentarios:

mariajesusparadela dijo...

Precioso sapo. Uno de los mejores amigos del agricultor, porque se alimenta de todos los animalitos que atacan las verduras.
Pero esos guantes son imprescindibles si se quiere mantener la piel limpia...
El rey de la huerta se merece esa corona.

Eastriver dijo...

Me gustan los boleros, aunque hace tiempo que no los escuchaba. Siempre son un poco lo mismo, pero qué es la vida sino también un poco lo mismo siempre, no es cierto?

El relato de Carpentier es emblemático de esos juegos que la literatura hispanoamericana se atrevió a llevar a cabo, creando y destruyendo a la vez tantos tópicos, pero tan vital siempre. Yo ahora pienso que esos relatos-juegos, pero de enorme calidad, estaban anunciando esta literatura de la posmodernidad que sufrimos ahora, pero que tiene también representantes nobles y de calidad grande, como Vila-Matas.

Ahora bien, las dos cosas juntas, el bolero y la semilla, será que estoy poco fresco pero no se verle la relación.

Un abrazo, amigo. Que hacía tiempo que no te saludaba (aunque te he ido leyendo ocasionalmente, cuando nos recomendabas ir al médico, que estuviste muy gracioso, y muy certero, ahí también)

flower dijo...

Ay, chico, todo este post me recuerda el asunto del iñakinavaja-urdangarín.

Ya ves, ese bolero sobre la sinceridad... ejem... que me entra la risa!

Un beso desde mi casita lalara, larita, muaaaaaaaaaa,

Miguel Baquero dijo...

Gran Alejo Carpentier. Me lo traslado a un word y me lo imprimo, que textos tan largos me da pereza, la verdad, leerlos en la pantalla del PC

Belén dijo...

Bueno... la verdad es que el príncipe que sale en las noticias es más que rana, sapo...

Besicos

Un paseante dijo...

Te ha quedado magnífico el sapo ese. Y las manos agrietadas que lo envuelven resultan ser un hábitat perfecto.
Don Alejo fue uno de mis ídolos, cuando yo era joven; no sé si por su altura literaria o porque yo era muy izquierdoso. Luego descubrí a Lezama Lima y creo que tiene más enjundia, pero aun así es de los grandes.
Don Antonio Machín (ya veo que la cosa va de cubanos hoy, ¿eh?) no es que sea santo de mi devoción, pero me transporta a la infancia solo con oirlo comenzar su canto: ese es su gran valor para mí.

Dante Bertini dijo...

machín, me quedo con machín, que de los príncipes no suelo esperar nada...
un abrazo

Dante Bertini dijo...

machín, me quedo con machín, que de los príncipes no suelo esperar nada...
un abrazo

pazzos dijo...

Me imagino al pobre Alejo rebobinando el Cinexin para componer el relato.

A cualquiera que chupe un sapo le parecerá un principe cualquier cosa que le pongan delante. El tuyo yace muy cómodo sobre unos guantes de piel de pitón que podrían devorarlo y escupir la corona luego.

Gracias porque me has descubierto dos relatos que no conocía. En la página a la que nos rediriges también hay un relato sobre los Axolotl que es otro anfibio que me obsesiona hace tiempo. El cabrón de Cortázar nos dejó tan pocas cosas sobre las que escribir.

Luis Cóngrio dijo...

Coincido con alguien en que el coronado sapo recuerda a uno que jugaba al talonmano con dominio soberano.
Es curioso que los ajados guantes parezcan más reptilescos que el propio sapo real.
A pesar de la proporcionada resaca que padezco esta mañana, he sido capaz de disfrutar con el musical texto. Gracias por el mapa de la biblioteca, que espero visitar de cuando en vez.
Grande, Machín.
Salud.

Maripaz Brugos dijo...

Machín y sus boleros...Caruano, su arte, y su fina ironia.
Siempre es un lujo visitarte.

liuva dijo...

Qué crueles son algunos cuentos infantiles con las monarquías. No sólo visten a los príncipes de sapos, sino que obligan a las chicas al repugnante acto de besar a dichos sapos para que así fluyan príncipes azules. ¡Qué ascazo!

Claro, que después hay contrapartida y los príncipes son obligados a besar a las damiselas que yacen en los bosques que, aunque en realidad están dormidas, los príncipes no lo saben y creen que están muertas. Besar a mujeres muertas es un repugnante acto de necrofilia.

En fin… no es de extrañar que con estos antecedentes salgan urdangarines y marichalares.

En otro orden de cosas, la casa-museo de Alejo Carpentier está en La Habana Vieja al lado de la famosa Bodeguita del Medio. Yo una vez estuve allí y la visité y después me tomé un mojito, o dos, en la Bodeguita, o tres.

Caruano dijo...

MARÍA JESÚS,
el sapo se merece la corona mucho más que los monarcas. Dónde va a parar.
:) Besos.
EASTRIVER,
me gustó mucho el relato de Carpentier cuando lo leí por primera vez (era lectura obligatoria en Hispanoamericana cuando yo pasé por la facultad), y ahora, de mayor, me gusta aún más quizá porque veo relieves que no alcancé a distinguir entonces.
Vila-Matas es un buen narrador, aunque a veces es tan bueno que a mí me queda grande.
Celebro que te gusten los boleros. Pero ya veo que con éste no he acertado :-)
Saludos.
FLOWER,
con lo guapo que salía en ¡Hola! el Ñurdangarín...
Maldita justicia ;-)
Besos.

Caruano dijo...

Haces bien, MIGUEL, yo tampoco me acostumbro a leer textos largos en esta máquina. Buenos cuentos encontrarás en la página a la que enlazo. Saludos!
Tienes razón, BELÉN, el príncipe del cuento era rana. Urdan, por lo visto, también les salió batracio (o se volvió). Besos.
PASEANTE,
¿cuando eras joven? Yo veo que destilas lozanía.
Quizá tengas razón con lo de Lezama, aunque hace ya muchos años que leí Paradiso y creo que no entendí la mayoría de las metáforas a las que nos somete el autor.
(Acabo de mirar en mis estanterías y encontré un Paradiso tapa blanda que editó Bruguera en el 85. Mira, me picó la curiosidad).
¿Sabías que Machín está enterrado en Cádiz ("La Habana de España", según algunos)? Coincidencias
:)
DANTE,
donde esté un Machín que se quiten cien príncipes (con lo que gastan en princesas!)
Un abrazo!
PAZZOS,
buena metáfora la del Cinexin.
Nunca he besado a un sapo, aunque no creas que no siento tentaciones; pero si se convierte en algo, que sea en una cortacésped, que la mía ya está muy cascada.
El enlace contiene un montón de joyas, entre ellas 'El hombre muerto' de Quiroga y 'La tercera resignación' de G. Márquez. Imprescindibles.

Caruano dijo...

LUIS,
¿proporcionada resaca? Me la guardo.
Buena la biblioteca ¿verdad? Y en esta biblioteca no hay que aguantar a chiquillos pegando mamporros con la mochila a diestra y siniestra.
Grande Machín, sí señor. Y negro como los ángeles de Machín.
Saludos, guapetón.
MARIPAZ,
te imagino machiniana como yo.
Un beso.
señora LIUVA,
hay cosas peores que besar a un sapo. Qué me dice usted de las ostras crudas, con su rezumante baba, o esos fetos de pescado que algunos se zampan en fechas señaladas (angulas, huevas de esturión aka caviar y vaya usted a saber qué guarradas más), ¿eh?. Pues eso.
Yo también estuve allí y también la visité (La Bodeguita). Y la volví a visitar. Y me olvidé de Alejo Carpentier. Y de Lezama Lima. Y del sóngoro cosongo de Nicolás Guillén. Y de Fidel. Y la volví a visitar (La Bodeguita, digo).

liuva dijo...

Cuando estuve en la Bodeguita del Medio se me ocurrió preguntar, (¡bocazas!), por qué se llamaba a la Bodeguita del Medio Bodeguita del Medio. El cubano que preparaba nuestros mojitos nos dijo que se llamaba la Bodeguita del Medio porque está en el medio.

Resulta que los bares en La Habana se solían hacer en las esquinas de las calles, pero esta bodeguita no la hicieron en una esquina sino que la pusieron en medio de la calle. Y así se llamó (la navaja de Occam siempre tiene razón: “la explicación más simple es la más acertada”) Bodeguita del Medio, porque estaba en el medio. No sé si me he explicado correctamente. Y eso que era mi primer mojito.

Me imagino, señor Caruano, que usted también visitaría el no menos famoso Floridita, donde ponen los mejores daiquirís del mundo. Allí iba Hemingway, después de sus muchos mojitos, a acabar la noche a base de daiquirís. A él se los ponían dobles. Una vez llegó a tomarse 50. Después se pegó un escopetazo, pero eso ya es otra historia.

Lo que le quería decir con todo esto, señor Caruano, es que anoche hablé con la luna y me dijo tantas cosas que quizás esta noche vuelva hablarle otra vez. Me confesó la luna que nunca tuvo amores que siempre estuvo sola llorando frente al mar. ¡Ay!

Anónimo dijo...

Conocí este blog a través de la web Ciberculturalia. Un saludo.