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15 dic 2011

Viaje a la semilla*

                                  
                                                     Amarga verdad


*Alejo Carpentier, Viaje a la semilla

4 jul 2011

Reparándome.

Hace un par de horas me picó una avispa en el labio inferior (juro por Dios que no hice nada para merecerlo) y mi aspecto, gradualmente, va asemejándose más y más al deCarmen de Mairena. Me voy al médico a ver qué ungüentos me receta y, de paso, dejaré el ordenador (computadora) en el Quirófano de Informática para que le extirpen una troyanitis aguda.
Amigos blogueros, antes de ir a repararme, y aunque parezca que el espíritu de Ñoño-man me ha poseído, quiero desearos un feliz verano.



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                        Take Five

5 oct 2010

OTOÑO.


Acrílico sobre periódico encolado.

 El otoño llegó furioso oso a mi casa, como un tornado. Los higos picoteados por los pájaros, las nueces y avellanas junto a las hojas amarillentas que se esparcen por mi opaco jardín dan fe de ello.

Acuarela

Para rematar el cambio de estación, el otoño, maldito otoño, oño, agazapado en una esquina me esperó y, sin pensárserlo, inmisericorde, me pegó una pedrada: un cólico nefrítico me ha tenido arrinconado, sin ganas de moverme mucho, ni de comer, ni beber, ni... ná de ná.
Dicen que este tipo de cólicos es lo más parecido a un parto. Pues bien, estuve tres días dilatando y sin parir, y si llego a saber lo mal que se pasa, me hubiera hecho una histerectomía antes de que este sufrimiento innecesario me azotara los... no sé , a mí me dolía todo. Afortunadamente existe la Santa Epidural, de la que yo voy a ser su Cofrade Mayor.
Siempre he sabido que las mujeres aguantan más el dolor que los hombres, por lo tanto, amigas blogueras, os expreso mi admiración (again). Este post va por vosotras.

Rosa  astigmática. Regalo para mis amig@s. 


20 sept 2010

ATORNILLÁNDOME.



Mi ordenador vuelve a putearme jugarme malas pasadas. Quizá los troyanos estén batiéndose con los tirios entre los cables y placas chipeadas de este ingenio, porque incluso oigo, en su interior, el relinchar de un caballo. También puede ser que la computadora se haya cansado de mis torpes dedos,  chi lo sa.
El caso es que no voy a poder pasarme por vuestras casas hasta que Caligari me lo limpie, me lo arregle o me lo tire a la basura (obligándome a comprar uno nuevo).
Aprovecharé para cambiar algunos tornillos de mi cabeza, algo oxidados por el tiempo.
Gracias por aguantarme hasta el día de hoy, y espero que a mi regreso sigáis ahí, radiantes y lozanos. 
Un abrazo (a todos los que quieran recibirlo).




9 sept 2010

CONEJO VESTIDO DE LUTO.


El Futuro Bloguero y la Rubia Azabache, LAZY BLOG, tienen organizado un concurso de comida mexicana.
Yo no pretendo concursar porque mis conocimientos sobre de re coquinaria son limitados pero, atendiendo a la invitación de FutBlo, me animo y publico una receta:  un guiso de CONEJO CON CHOCOLATE que siempre se cocinó en mi casa y que, para convertirla en comida fusión mexiñola, yo apaño con guindilla. Hablo de comida fusión porque se sabe que el chocolate ( xocolatl en náhuatl y chocolhá en maya) de tierrras mexicanas viene y porque el  vocablo 'España' emparentado está con los conejos; Cátulo hablaba de "península cuniculosa" (península conejera) cuando se refería a Hispania.  
El chocolate ha sido utilizado como ingrediente de numerosas recetas en la región de España donde yo vivo, desde que llegó de América. Una de estas recetas, a mi manera, es la que quiero reproducir aquí.


Y nada más, me pongo el mandil y manos a la obra. (QUE ME PERDONEN TODOS LOS COCINEROS DEL ORBE POR LA INTRUSIÓN. Gracias.)

 Para 4 comensales aquejados de minimalismo o para dos humanos hambrientos.

 INGREDIENTES

1          conejo grandecito.
1          vasito de aceite.
½         hígado del conejo.
1          cebolla tirando a cebollón.
 2         dientes de ajo, los caninos.
1           hoja de laurel.
½          ñora o pimiento picantillo.
½          pimiento verde.
3           galletas maría o similar (las más baratitas).
1           puñadito de piñones (20 ó 30)
1           puñadito de avellanas (10 ó 12)
1           copita de ron negro o de brandy.
100 gr.  chocolate sin leche, rayado.
1           vaso de agua
            Sal y pimienta al juicio de cada uno. Tratad de no perderlo, el juicio, digo.



PREPARACIÓN


 -Cortamos el conejo en cuatro cuartos, cuartos que volveremos a cortar de manera que salgan ocho piezas (ojo con los dedos). Salpimentamos.

-Vertemos aceite en una sartén grandecita y rehogamos los pedazos de bicho, hasta que esté ligeramente tostadito por ambos lados. Retiramos y reservamos sobre un papel absorbente .

-En el mísmísimo santo óleo, freiremos los ajos (fritamos los ajos, según la situación geográfica del hablante) sin mucho énfasis. Sacar y reservar. Lo mismo haremos con el hígado, con la cebolla y con el pimiento verde (estos dos últimos ingredientes necesitarán un ratito más de freición (neologismos to the power).

-Se desnuda de semillas la ñora o el pimiento gritón y se le da un bañito en el aceite. Retirar y guardar.

-En un mortero, picadora 1-2-3, o similar se pone el hígado ya frito, los ajos, las galletas, piñones, avellanas, el chocolate negro y el ron oscuro (o brandy de Jerez, o… (rebuscad,  seguro que algo encontráis). Trituramos sin piedad hasta conseguir una pasta semi-espesa.

-En una cazuela grandota se pone el conejo que teníamos reservado, la cebolla, el pimiento y 1/2 vasito de agua. Que chuchupee durante 20 ó 30 minutos a fuego lento (ojito que no se quede sin líquido). Echamos el ají o la ñora.  Verteremos todo lo triturado o picoteado anteriormente y le damos un corto hervor a fuego fuerte, añadiremos 1/2 vaso más de agua, ponemos a fuego muy suave y cocinaremos durante...20 minutos más.   Hay que menearlo a ritmo de lambada o danzón de vez en cuando (las rancheras resultan algo desacompasadas para el movimiento requerido). Si falta agua, ya sabéis, echad. Retirad la ñora o el pimiento chillón, ya le habrá dado el punto picantón (si os gusta sufrir, no retiréis el picante)

Y CHUP CHUP CHUP CHUP…

Este conejo, como casi todos los guisos, es preferible comerlo al día siguiente de haber sido cocinado, después de que haya dormido toda una noche en el frigorífico porque, en cuanto más tiempo pasa, más bueno está. Se puede acompañar con arroz blanco espolvoreado con cilantro. Hay que rebañar con pan todo el jugo y después darse un largo paseo para quemar unas cuantas calorías.
La hoja de laurel que me ha sobrado la podéis guardar para el próximo guiso. El laurel envejece bien.



                                                    ¡BUEN PROVECHO!

26 ago 2010

Toros ( y 2)




La Fiesta empezó a bajar la música, lleva tiempo apagando luces  y está llamada a concluir. Nos guste o no.
Tengo amigos animalistas y amigos taurinos y, como hace tiempo me extirpé las tentaciones maniqueístas, nunca pensé que unos eran mejor que los otros dependiendo de sus aficiones, confesables o inconfesables. Incluso mi padre fue un taurino pertinaz  y jamás imaginé que tuviera instintos asesinos; de hecho, nunca conocí a una persona más inofensiva. Y me atrevo a pensar que la honestidad y el pacifismo de mi padre, amante de los toros, la podrían envidiar algunos individuos, vociferantes y pataleantes que, con un importante zancocho mental, claman a favor de la prohibición de las corridas. Lo mismo podría decir del bando contrario.

Me gustan los colores de la tauromaquia: el albero de las plazas, el grana, el purísima, el morado  y el rosa palo de los trajes de luces; me gustan los capotes, las mantillas, las peinetas. Hasta los pasodobles me gustan.
Pero yo salí anti-taurino. Qué le vamos a hacer. Aunque no comparto las maneras violentas (en muchas ocasiones) en las que manifiestan su desacuerdo los animalistas. Habría que recordarles que, precisamente, es la violencia que ven en la plaza el motivo de sus protestas. 

Soy un bicho omnívoro, y, si tuviera necesidad de hacerlo, no dudaría en matar con mis propias manos, para alimentarme y alimentar a los míos, un pollo, un conejo, un toro o un canguro. Pero nunca ofrecería como espectáculo el acto de matar. Como tampoco me parece bien que se nos ofrezca como espectáculo el acto de morir, en vivo y en directo. Es la única razón que tengo para ser anti-taurino. Quizá la encontréis inconsistente o insustancial, pero no se me ocurre ninguna razón más, ni de índole nacionalista, ni independentista  ni anti-españonista, -aunque quizá algunos hayan caído en la tentación de confundir los toros con las témporas-  porque entre otras cosas, los temas patrióticos me dan erisipela, me producen bajadas de azúcar y hasta mi líbido se resiente.

 Tengo claro (es un decir) que la potente plasticidad que rodea la tauromaquia impedirá que desaparezca toda su parafernalia : simplemente se transformará. Y quizá ya sea hora de que la exclusiva alta costura taurina pase al mundo del prêt- à- porter.  Hasta yo me compraré una peineta de falso carey cuando bajen los precios. Y el toro, el animal, digo, no va a desaparecer. Menudas son las vacas.

Para concluir, me gustaría apuntar que lo que peor me sabría es enfrentarme y disgustarme con mis amigos blogueros y no blogueros por estas cuestiones (toros si / toros no), ya que solamente quiero transmitir, al fin y al cabo, una opinión, y las opiniones hay que procurar no manejarlas como si fueran bombas incendiarias. Creo.

Raúl, en su blog Gin Lane , habla del tema con lucidez y valentía, porque, según él dice, se puede hablar con libertad de todo. Y es muy bueno ejercitar la libertad, añado yo.

17 ago 2010

Vanitas.




La semana pasada quedé con unos amigos en la puerta de un restaurante con un evocador nombre, "Los jardines de... ", para celebrar...  el verano, pongamos por caso, y conforme nos acercábamos fuimos oyendo rumores de juerga  -qué digo rumores, aquello era una algarabía insoportable- . Me asomé a los frondosos jardines que dan nombre al restorán y... hete aquí a una  minimarilín de cuatro o cinco años, micrófono en mano, cantando el japiverdeituyú, rodeada de un montón de angelitos niños blandiendo globos con una mano mientras con la otra estrujaban algo parecido a un pastel de chocolate y nata.
Lo que prometía una celebración tranquila y agradable (para nosotros) iba a estar  amenizada por agudísimos gritos infantiles al alimón voceril de sus orgullosos padres.  
Después de diez minutos de espera, un azorado camarero nos preguntó si teníamos reserva, a lo que mi amigo, el señor K, respondió con otra pregunta:
- Dígame usted, joven, ¿la simpática fiesta tardará mucho en concluir?
-Pues no sé exactamente a qué hora finiquitaremos tan exquisito evento, caballero, -dijo con evidente retranca el mancebo-. Pero -insistió- ¿a qué nombre está la reserva?
-Depende -dijo el señor K- . Si la  alegre fiesta infantil continúa, mi nombre es Herodes y si usted quiere, joven, con mucho gusto, procedo. (Nunca acabaré de entender el humor negro de K).
Y vosotros, con toda razón, diréis  : ¡qué animal don K- Herodes!  es normal que los niños angelitos  metan bulla,  ensucien, correteen,  pongan perdidos de helado de tiramisú a los camareros y a buena parte de la clientela...  los niños son criaturitas de Dios niños.
Sí. Pero lo que me chocó fue que aquella especie de bodorrio infantil se  perpetrara en un local de "postín", donde el cubierto podía costar más de 60 euros, sin tarta ni carajillo. Y mucho más me desconcertó la impavidez -o pachorra- de sus papás y mamás ante tal estropicio; ellas, sílfides a dieta, de mirada displicente, se iban descoyuntando mientras atusaban sus rubias medias melenas al son de las alhajas de Cartier (o del manta, vaya usted a saber), mientras sus  maridos, cual faunos en la espesura del jardín,  ponderaban las excelencias de sus autos, que pacían en el aparcamiento cercano :  4x4´s,  brillantes e inmaculados,  desconocedores de trocha, mocha, barro, polvo y ahorro (y perdón por la aliteración).
Ante tremendo espectáculo, se me vinieron a las mientes algunas preguntas. ¿Aquellos acaudalados papás pensaban realmente en sus angelitos niños cuando contrataron los servicios hosteleros para tan magno evento?. ¿Acaso apreciaban sus churumbos la sedosa textura de los manteles, o la comodidad de las poltronas Baden-Baden donde los sentaron?. ¿Con cuatro o cinco años, los niños con padres adinerados hablan de las bondades del filet mignon aux amandes frente a la tosquedad de la pizza o del bocadillo de salchichón?. ¿Despreciarán los angelitos las coloridas y divertidas jaulas de los chiquiparques, con sus tubos-tobogán, repletas de bolas de espuma  donde poder revolcarse descalzos y despeinados y, al contrario, loarán los tranquilos paseos que pueden disfrutar entre recortados setos de boj y borduras de agapantos?  
  
No me gusta pensar mal de la gente sin conocerla, pero me da la impresión de que aquella fiesta no se organizó pensando en el nene, ni en sus ilustres invitados, los otros niños.
Un reflejo de mi cerebro, pedantón, pseudoilustrado y violeto me hizo pensar: Omnia Vanitas. Otro reflejo, menos sopisanguino, más guarrindongo y prosaico me hizo exclamar: ¡hay que joderse!
Y me fui de aquel Huerto de Pomona con la impresión de que la cena incluía un sainete (si uno quiere, siempre se le puede sacar la grasa al caldo).
Angelitos todos
  

6 jun 2010

Banderas. Patriotismos. Confusiones.

                                  Bandera encontrada en la red.


Bienvenido, Mister Marshall, allá por los cincuenta, ganó el premio al mejor guión y a la mejor comedia en Cannes. El jurado lo presidía el actor Edward G. Robinson quien, enfurecido, manifestó que la peli era un oprobio insoportable contra su patria, los EE.UU. La cinta pudo ser exhibida previa  supresión de la escena donde, después de un aguacero, la bandera norteamericana se precipitaba arroyo abajo. Con la Iglesi..., perdón, con el patriotismo toparon Berlanga y Bardem. Patriotismo de chicha y nabo, capaz de convertir, si es preciso, la identidad en una marca comercial que, como nadie, han sabido vender. Y también ultrajar.

Las banderas, que suelen enarbolarse como símbolo de identidad, de pertenencia a un grupo determinado que quiere distinguirse del resto, pueden producir muchas alegrías, según me cuentan. Pero de necios es negar que provocan  infinidad de conflictos, como ocurre desde hace tiempo en España (si el significante España tiene hoy día algún significado. Según me cuentan también). Nuestras banderas "identitarias" protagonizan tensas escenas entre patriotas de distintas comunidades.
Y digo yo, si un simple elemento simbólico puede llegar a producir fricciones que deriven en odios, podríamos, por ejemplo, avisar a esos patriotas de que su pendón irá sufriendo mutilaciones. Como un carnet por puntos.
Que los navarros se enfrentan a los vascos por problemas derivados de la mala utilización de su enseña, pues  se le quita un elemento al trapo; qué te digo...  por ejemplo, las cadenas. Y a  la ikurriña el aspa verde, una barra roja a la senyera, una botella de sidra (si la tuviese) a la bandera de Asturias, la corona a la bandera de España... Y así hasta que la tela quedase en blanco.
Somos tozudos, beligerantes y reincidentes. No dudemos de que nuestros pendones quedarían desvestidos. Y, si realmente las banderas son nuestras señas de identidad, habría que empezar a construir una identidad nueva, menos tozuda, beligerante y reincidente.
Yo nunca he sentido especial aprecio por símbolos "patrióticos", pero no niego que me identifico con muchos elementos que me rodean.  Las patrias ajenas a mis afectos personales no suelen interesarme. Y esas patrias no se circunscriben a un espacio determinado, sino a muchos. 
La  bandera  que he sentido, en lo más profundo de mi ser, ha sido la de los calzoncillos Abanderado que me compraba mi madre. Niño era yo. Hoy día, ni eso. Ni niño ni abanderado.



P.S.  La bandera que ilustra el post se la dedico a  don NOMÉS PLORARÍA